Las gratitudes

Las gratitudes es un libro de pocas palabras, de pocos personajes y poco relleno, pero es un libro que ataca como una espada directa al corazón. En su corta duración es capaz de mostrar tanto y tan bien que todo lo demás es irrelevante. Marie, una mujer que cuida a una anciana, Michka, reflexiona sobre lo que significa estar realmente agradecida a alguien: ¿Es suficiente con estar ahí? ¿Es necesario decirlo? Ella se encarga de buscarle una residencia y acompañarla por las tardes mientras Michka se va deteriorando. Por otro lado, Jérôme, el logopeda de la residencia, se encariña con Michka: con su forma de ser, con sus preguntas indiscretas y con todo lo que transmite. Su trabajo es ayudarle a recuperar las palabras antes de que sea demasiado tarde y su rápido deterioro mental le impida decir nada más.
Las tres vidas se entrelazan, de manera sutil pero con una unión natural, nada forzada. Jerome y Marie no se conocen, pero a través de las cada vez más limitadas palabras de Michka parecen casi hacerlo. De Vigan consigue que cada pieza encaje. El tono, el estilo, las conversaciones, todo tiene una función y es la de acercarnos delicadamente a la habitación de Michka, sentarnos en una silla con ella y quererla como si fuera algo nuestro. Es una historia que emociona, no solo por lo bien narrada y pensada que está, sino también por la capacidad que tiene de hacer reflexionar al lector sobre su propia vida, sus relaciones y por supuesto sus gratitudes.
Un libro que me ha encantado, de lo mejor que he leído en meses. Era un poco reacio a darle una oportunidad por la fama que tenía, pero me alegro de haberlo hecho, y puedo confirmar que es una fama merecida.