Nada

En Nada, Carmen Laforet nos cuenta la historia de Andrea, una joven que se muda a casa de su abuela, en Barcelona, con el objetivo de estudiar en la universidad. Allí, Andrea goza por primera vez de algo de libertad, pero viene acompañada de muchos otros inconvenientes. Su familia, desestructurada por completo, y las relaciones complejas, enquistadas y tóxicas entre los miembros de ella se mezclan con su día a día y su propio desarrollo como persona. Durante el libro experimenta la amistad y el desengaño, y situaciones en las que poco a poco se va reflejando la verdadera forma de ser de sus familiares.
Nada me ha parecido una novela buenísima. La narración es capaz de transmitir con facilidad el mundo de la protagonista, Andrea. Vemos sus debates internos, su vacilación para hablar con sus familiares, sus esperanzas al llegar a la casa de la calle Aribau, y como se van transformando según avanza la historia. El libro desprende una nostalgia casi palpable, un sentimiento de estar leyendo algo privado, un diario, unas cartas, definitivamente algo real. Barcelona se presenta como una ciudad a medio camino entre la magia de sus callejuelas y catedrales y la oscuridad y la pobreza presente en sus bares, en sus casas, en las familias como la de Andrea donde no había para comer, ni una sola relación sana entre sus miembros.
Aparte de las relaciones con sus familiares, Juan, Gloria, Román o la abuela, el libro excede en el trato de la amistad entre Ena y Andrea. Una relación con altibajos, con momentos de admiración completa entre ellas o de desentendimiento total. Ambas son personajes difíciles, cada una a su manera, Andrea más reservada y pensativa, Ena más atrevida y descomedida, pero las dos con una complejidad genial. En mi opinión, algunos de los mejores pasajes del libro se dan entre ellas dos.