Al límite

Pynchon cuenta la historia de Maxine, una mujer judía que vive en Nueva York a principios de los años dos mil. Ella es auditora de fraudes, y desde hace relativamente poco tiempo trabaja como freelance. Un conocido le comenta un posible caso de fraude, en una empresa tecnológica que acaba de ascender frenéticamente. El libro no me ha gustado, siendo claro. Me llamó mucho la atención la idea: leer algo acerca del 11-S me parecía muy interesante y una historia que lo tratara, más o menos de cerca era algo que me apetecía leer. Sin embargo, el libro toca muy de puntillas lo que yo, erróneamente, pensaba que sería uno de los pilares del libro, y que a mi juicio debía haber afectado mucho más a los personajes. Parece que aquella catástrofe que paralizó el mundo entero apenas tiene repercusión en los personajes que vivían a unos pocos metros del lugar.
La trama es difusa, se nos presentan muchos personajes de una forma caótica, y no sabemos cuál es su sentido en la historia, si son relevantes o no. Las relaciones entre ellos son superfluas, y poco creíbles. El único personaje que se salva a mi parecer es Maxine, la protagonista, que sí parece una persona real con sus propias ideas y un comportamiento consistente a lo largo de la novela.
Por otra parte, no he conectado con un solo personaje del libro, y creo que es algo fundamental para que una historia, más o menos larga como esta, cale en el lector. La verdad es que me daba igual el destino de los personajes, si les iba bien o mal, si estaban avanzando en sus vidas o todo a su alrededor se desmoronaba. Esa falta de profundidad y de personajes reales, cercanos y posibles, digamos, unida a ese batiburrillo de personajes que van y vienen han conseguido en mi caso que el libro se me hiciera pesado de leer.
La trama es otro aspecto donde la historia cojea. Creo que el autor intenta abarcar demasiados temas en su novela, fraudes, terrorismo, la mafia, el estallido de internet, la seguridad nacional, el mundo geek, el amor/adulterio. La selección de temas es muy ambiciosa —lo que no tendría por qué ser un problema—, pero en este caso no termina de cuajar. He tenido la sensación de estar perdido, no en el sentido de no saber qué va a pasar o de si un personaje es bueno o malo, sino de no entender del todo las relaciones entre tramas o personajes.
Por último el antagonista del libro, no tiene casi relevancia en él. Desde casi el capítulo uno su nombre aparece en escena, pero a pesar de ello su papel en el libro es cuando menos cuestionable. Nunca transmite la sensación de peligro que, entiendo, se intenta crear, pero tampoco de ese misterio que se palpa de manera muy poco sutil. El malo es malo, y lo es desde el minuto uno hasta el último. No tiene casi diálogos ni sabemos qué piensa.
En conjunto como decía antes, no me ha gustado el libro. Creo que tenía unos ingredientes muy buenos para hacer una novela estupenda pero se mezclaron todos demasiado pronto, o tarde, o mal.