Fortuna

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Fortuna

Hernán Díaz

Leído en 2024 ·2023 · 440 páginas

Benjamin Rask es un inversor infalible, casi de leyenda. Sus increíbles aciertos a principios del siglo XX lo convierten en una figura excepcional de la sociedad neoyorquina. Su vida, su pasado, su forma de ser, y como no podía ser de otra forma su matrimonio son objeto de todas las miradas. Esta primera versión aparece en Obligaciones, una novela muy conocida en el Nueva York de los años treinta y que constituye el primer capítulo de Fortuna. En el siguiente leemos el punto de vista de Andrew Bevel, la persona a la que, a todas luces, representaba Benjamin Rask. Bevel narra la misma historia que ya conocíamos pero con matices, “lavando” su nombre y cambiando por completo la imagen de su mujer. En la segunda mitad del libro leemos la historia de la narradora/escritora de la historia de Bevel, para después concluir el libro con un fragmento con relatos e información que no habían salido antes a la luz, completando una historia genial, donde las finanzas, el mito y las mentiras forman una historia brillante. El libro me ha gustado mucho, es una idea original que puede descolocar un poco al leerla, pero que sin duda está tejida en la manera que debería estarlo. La primera historia, el primer relato, es bueno, se lee fácilmente pero deja, sin querer, la sensación de que falta algo más en la historia de Rask. Cuando empieza el segundo capítulo, la historia es tan similar que el lector duda de estar leyendo el mismo libro, pero poco a poco las diferencias afloran y el mensaje que quiere transmitir la historia queda totalmente claro, Rask nunca fue un villano, su mujer era un alma simple y el desenlace de su historia fue un simple descarrilamiento de lo que de cualquier otro modo hubiera sido una historia para enmarcar.

En este punto, al final del segundo capítulo, el lector no sabe qué versión creer, dependiendo de cada uno, algunos, probablemente, más cercanos a la versión del primer capítulo; otros a la del segundo capítulo, pero indudablemente ninguno sin permanecer en el medio. Con este panorama empieza el tercer capítulo, donde Ida Partenza empieza a narrar su vida y su historia, sin aparente conexión con la nuestra. Al avanzar las páginas sentimos, o al menos yo, que esta es la versión correcta de la historia, que esto es realmente lo que sucedió, que Partenza narra las cosas como son y que en este capitulo descubriremos toda la verdad sobre Benjamin/Andrew. Desafortunadamente, las cosas no son así y esta nueva versión no hace más que traernos más preguntas y crear más dudas sobre las versiones que ya habíamos leído.

En este punto de la historia, me di cuenta de que este libro era bueno de verdad. De esos que recuerdas un tiempo largo, de los que recomiendas cuando alguien te pregunta si has leído algo recientemente. Ya conocía la historia y sus diferentes versiones y, aun así, me seguía faltando algo. A pesar de leer más o menos la misma historia tres veces seguía queriendo más. El cuarto capítulo cierra esa necesidad de manera excepcional, respondiendo preguntas y formulando algunas nuevas.

“Toda vida se organiza en torno a un pequeño número de acontecimientos que nos impulsan o nos frenan en seco. Pasamos los años que median entre esos episodios beneficiándonos de sus consecuencias o padeciéndolas, hasta que llega el siguiente momento decisivo. El valor de un hombre lo establece el número de esas circunstancias definitorias que es capaz de crear para si mismo. No siempre necesita tener éxito, porque puede haber gran honor en la derrota. Pero ha de ser el actor principal de las escenas definitorias de su existencia, así de las épicas como de las trágicas.”