La muerte del comendador

El libro trata sobre un retratista profesional, que ve cómo su vida cambia cuando su mujer decide separarse de él. En ese momento se aleja de todo y comienza un viaje sin un final claro, que termina en un pequeño pueblo en medio de ninguna parte, concretamente al norte de Japón. Allí, un amigo suyo tiene una casa que le deja a su disposición tras haber quedado vacía al morir su padre. En esa casa tratará de reencontrarse con la pintura casi sin querer, y conocerá a un vecino del pueblo un tanto peculiar, así como la obra pasada del anterior inquilino de la casa. La muerte del comendador es un libro adictivo, no sé muy bien el porqué, pero lo es. Sinceramente, no habría pensado que la historia engancharía tanto, pero la realidad es que una vez empecé, me atrapó. Personalmente me gusta mucho cómo escribe Murakami, no es una opinión arriesgada, lo sé, pero no deja de ser cierto. La historia tiene ritmo, personajes interesantes y una trama diferente, poco más se puede pedir (creo yo). La ficción y la realidad se mezclan de manera brillante, y es difícil intuir hacia dónde va a girar la historia, es impredecible y enigmática, para mí dos de los mejores adjetivos que se pueden aplicar a un relato.
No intervienen muchos personajes en la historia, y me parece algo reseñable. Murakami escribe una historia de cierta duración, no es el típico libro de 200 páginas, con apenas tres o cuatro personajes principales, y no solo eso, el libro no echa en falta ninguno más.
El narrador y protagonista es un hombre que está intentando volver a sentir. Atrapado en su faceta de retratista de éxito, tras su ruptura decide dar un paso atrás y buscar su amor por la pintura de nuevo, empezando casi de cero. Ese retroceso, esa búsqueda de su pasión le hace sentir inseguro, pero poco a poco, se va encontrando a sí mismo según se desarrolla el libro. El narrador es curioso, y parece un hombre bastante decente, aunque evidentemente la historia está narrada desde su punto de vista. No puedo decir con seguridad que sea una persona creyente, pero desde luego no es reacio a ir un poco más allá de lo común.
El vecino, Menshiki, es un hombre extraño; no puedo describirlo de otra manera. Es un hombre rico, sin familia, que vive aislado prácticamente de todo el mundo, y que se mete en la vida del narrador de una forma que desde el primer instante parece algo forzada. Menshiki es una persona de pocas palabras, sabio, y con un gusto por la cultura más que evidente. Pero a pesar de ser un hombre culto, y demostrarlo una y otra vez, a lo largo de la historia da la sensación de ir un paso por delante, de saber algo más que el narrador, y además algo que no tiene demasiada buena pinta. Es un personaje carismático, y que, a mi parecer, tiene algo reservado para el segundo libro.
Algunos de los temas que trata el libro son la soledad, los entresijos de una amistad, o el fin del amor. Este tema en concreto está muy desarrollado y podemos ver las diferencias a la hora de afrontar la ruptura, y no solo eso, sin entrar demasiado en detalles, Murakami da pinceladas del porqué de esa ruptura, definiendo con una precisión remarcable la naturaleza humana.
“La verdad, a veces, solo aporta una profunda soledad.”