Los ingratos

Los ingratos cuenta la historia de David, un niño que pasa parte de su infancia en el pueblo de sus padres en la España de los años ochenta. Allí descubre la amistad, los veranos interminables y esa forma tan intensa de vivirlo todo cuando eres pequeño. Pero el centro de la historia acaba siendo también la relación con la Emérita, la mujer sorda y analfabeta que lo cuida durante esos años.
Una de las cosas que para mí está mejor conseguida del libro es la voz del niño. A través de ella vemos las amistades del pueblo, los juegos, las pequeñas aventuras que cuando eres pequeño parecen enormes. Y, mientras todo eso ocurre, también se van colando de fondo los problemas de los adultos, la relación de sus padres, las tensiones del matrimonio, cosas que el niño percibe pero que todavía no entiende del todo y de las que nosotros, como lectores, vamos siendo testigos.
Y luego está la Emérita. Su relación con David es una de las partes más bonitas y logradas de la historia; es el eje sobre el que gira todo. Está llena de gestos pequeños, de silencios, de una forma de cariño que no siempre se dice en voz alta. Cuando David, ya adulto, mira hacia atrás y entiende todo lo que ella hizo por él, es inevitable sentir una puñalada de dolor y casi de rabia. Dolor por no haber entendido, por no haber estado, por no haber tenido un solo gesto. Dolor de arrepentimiento e ingratitud. Es una historia preciosa y muy emocionante, a la que, sinceramente, me cuesta ponerle casi ninguna pega. Me ha encantado.