Los nombres propios

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Los nombres propios

Marta Jiménez Serrano

Leído en 2025 ·2021 · 236 páginas

Este libro es, en el fondo, la descripción casi perfecta de una vida. Seguimos a Marta desde que es niña hasta que empieza a convertirse en adulta, viendo cómo cambia su manera de entender el mundo, el amor, la familia o a sí misma. Es una novela sobre crecer, sobre cómo vamos construyendo quiénes somos con el paso de los años.

Narrado en una especie de conversación con su amiga imaginaria de la infancia, Belaundia Fu, Los nombres propios a ratos parece un diario y, otras veces, una carta que te escribes a ti mismo. Al leerlo tienes la sensación de estar leyendo tu propia vida, tus mismas emociones plasmadas en la vida de otra persona. Es una descripción maravillosa de lo que es ser niño, adolescente y adulto, de las inseguridades, de la familia, de los amigos, de las pequeñas cosas. Todo escrito con un estilo cercano, que pasa casi de puntillas, ligero y liviano, y cuando te quieres dar cuenta has terminado el libro.

Hay muchos fragmentos que me han gustado, pero destacaría el que dedica a su madre al inicio del libro. Creo que es la mejor manera de enseñar lo que es este libro.

“Mamá, sin embargo. Mamá está siempre en casa. A papá lo ves poco y cuando lo ves, te deslumbra. Mamá está todo el tiempo, así que no la ves. Su mano contra tu tripa escurriendo el jabón de la esponja, su mano sobre tu frente, su mano dándote crema hidratante que te alivie los picores o abrochándote el botón del pantalón, que es de los duros, y tú no puedes. Cómo identificar como ajena una mano que está contigo todo el tiempo. Es imposible. Mamá nunca se enfada, nunca está cansada, nunca está triste, nunca tiene miedo. O sea: mamá se traga su enfado a menudo, mamá ignora su cansancio con perseverancia, mamá intenta mostrarse alegre contigo, mamá no quiere transmitirte sus miedos. Mamá se baja al parque con vosotros y te dice cosas que tienes que hacer. «Báñate», «Ponte el pijama», «Vi-gila a tu hermana», «Termínate el pescado». También te dice cosas que no tienes que hacer. «No se pega», «No se insulta», «No se rompen los juguetes, que han costado mucho dinero», es decir, mucho trabajo. Tú no sabes lo que es el dinero. Dirías que papá tampoco. Mamá sí. Si necesitas ropa y te gustan dos jerséis, tienes que elegir uno. Si te gusta un juguete, tendrás que pedirlo por tu cumpleaños. Si quieres una muñeca, tendrás que pedírsela a los Reyes. «Pero ¿cuánto queda para Los Reyes?». Queda mucho. Mamá está en todas partes, así que no la ves. Me ves más a mí. La cocina, tu cuarto, la salita. Todo es mamá. Mamá está preparando el CAP porque siempre quiso ser profesora, pero al terminar la carrera se le atravesaron primero un trabajo rápido y rentable y luego la maternidad. Tú. Se le atravesaste tú. Pero tú no sabes lo que es el CAP, ni la vocación, ni el dinero. No concibes que esa mujer -mamá-que satisface a diario tus necesidades pueda tener necesidades propias, que antes de que tu existieras vivía en el centro de Madrid, iba a menudo al cine, viajaba…”