Niebla

Niebla es la historia de Augusto Pérez, un joven abogado rico, que, tras perder a su madre, empieza a buscar su sentido en la vida. Augusto ha estado siempre embobado, sin prestar ninguna atención a la realidad, al futuro, a su propia vida, o sin ir más lejos, a las mujeres. Al morir su madre y poco después encontrarse siguiendo a una desconocida por la calle, parece despertar de su letargo y tomar conciencia de la niebla en la que se veía envuelto, y trata de salir de ella. Me ha gustado el libro; ante todo, me ha parecido muy original. Había leído hace ya tiempo acerca de la metaliteratura, y más en concreto la «nivola» tan recurrente en este libro. A pesar de ello, el libro es capaz de sorprender, y poner al lector en una posición nada habitual.
Durante el relato se suceden referencias al propio libro, sin que parezca forzado o metido a presión. El lector se va dando cuenta de que lo que está leyendo no es una historia de alguien real, sino un personaje, que habita en la mente de Unamuno, pero que no ha existido ni existirá jamás. Es un detalle importante, a mi parecer, pues aunque al leer otros libros se da por hecho que son personajes ficticios, en ningún momento ellos cobran consciencia de su propia existencia, ni se deja tan claro que lo transcurrido a lo largo de la historia no es más que eso, una historia. En Niebla, sin embargo, la realidad y la ficción se entrelazan culminando con la visita de Augusto a Unamuno, en una escena aparentemente absurda que, sin embargo, no chirría en modo alguno; es más, al lector le parece algo de lo más lógico. El haber conseguido todo esto, en mi opinión, es lo que hace de Niebla un libro tan interesante y original.
Me han gustado particularmente las recomendaciones de su amigo Víctor, unos años mayor que él, y que se casó muy joven. Según la etapa que iba viviendo, recomendaba a Augusto no casarse, unas veces por un motivo y otras por otro. Al principio Víctor y su mujer, querían ser padres, y tras un par de años sin éxito, el niño ausente fue la causa de muchas disputas entre ambos: se culpaban el uno al otro y eran infelices. A pesar de ello, siguen adelante y se convierten en una pareja muy estable, y muy dichosa, es entonces cuando Víctor le recomienda a Augusto no casarse, pues él probablemente tendría hijos, y «los hijos nada más que problemas traen».
Al cabo de un tiempo, Víctor y su mujer se quedan embarazados, para su desgracia. La pareja ya se había hecho a la idea de vivir solos, a su ritmo, totalmente compenetrados el uno con el otro cuando el niño decide aparecer en sus vidas. Sin embargo, al poco tiempo, el niño se convierte en la causa de felicidad mayor, y no hace sino unir aún más al matrimonio. Víctor entonces le dice a Augusto que si no es para tener hijos el matrimonio no tiene ningún sentido.
Ese cambio de opinión constante, me ha gustado especialmente, porque a pesar de estar «en contra» del matrimonio, Víctor y su mujer son una pareja como tal, capaces de crecer emocionalmente juntos y superar las dificultades que la vida les va poniendo en el camino. Todo esto sin que ellos se den cuenta.
Otros detalles interesantes son para mí, el carácter y la autonomía de Eugenia, que trabaja, quiere ser independiente y tiene claro desde el minuto uno lo que quiere. No quiere favores de nadie y tiene una meta para la que trabaja, buscándose las mañas de vivir con su amado sin que este dé un palo al agua. El carácter anarquista teórico del tío es simplemente genial, y las pinceladas de feminismo durante toda la obra me parecen estupendas y atrevidas, diría incluso, teniendo en cuenta cuando se escribió el libro.
“¿Estaré bien de la cabeza?, iba pensando Augusto. ¿No será acaso que mientras yo creo ir formalmente por la calle, como las personas normales — ¿y qué es una persona normal?–, vaya haciendo gestos, contorsiones y pantomimas, y que la gente que yo creo pasa sin mirarme o que me mira indiferentemente no sea así, sino que están todos fijos en mí y riéndose o compadeciéndome…?”