También esto pasará

También esto pasará es a grandes rasgos, un libro de duelo. Toda la historia gira en torno a la muerte de la madre de Blanca. Ella narra su profundo dolor desde la primera línea, y cómo la invade, de forma inevitable, un sentimiento de desgarradora tristeza. A pesar de ello, al leer el libro uno no puede sino pensar que es un libro alegre; un canto a la vida. Una recopilación de cosas que hacen a la vida maravillosa: amor a raudales y de mil formas, amigos, sexo o el Mediterráneo. Blanca acaba de perder a su madre y su mundo se hunde con ella. A pesar de llevar meses enferma y «avisando», no está preparada para afrontar la situación. La autora, Milena Busquets, narra el dolor como algo real, que quema, que se queda en tu cabeza para recordarte que sigue ahí, que no se va a ir. No se mete en sentimentalismos innecesarios, no le hace falta, con cada anécdota y cada recuerdo de Blanca podemos casi sentir su dolor como nuestro. Entre recuerdo y recuerdo, intuimos que Blanca es una mujer fuerte, y que no lleva una vida al uso, casada, divorciada y amante a ratos. Se debate entre intentar amar a un hombre con el que siempre fracasa o dar un paso adelante y pasar página. Dos niños, y un par de amigas completamente opuestas terminan de completar su círculo más cercano, un cóctel explosivo.
Es fácil leer el libro, las páginas se caen por sí solas. No hay grandes complicaciones en la historia, ni un vuelco de los acontecimientos que te deje descolocado, es un libro ligero, honesto. Distingo algunos puntos clave en la historia, o si no lo son, por lo menos me han llamado la atención por encima del resto.
El papel del sexo como vía de escape. En numerosas ocasiones a lo largo del libro, Blanca recurre al sexo para olvidar, a su madre, su matrimonio fracasado, su propia edad. Es una forma de no pensar, de sentirse dueña de la situación. El problema viene después, cuando, una vez que toda la química ha terminado y su efecto se ha disipado, las hormonas vuelven a su sitio y todo se le viene encima. Todas sus preocupaciones pospuestas atacan de golpe.
La obsesión de ella de no vivir como los demás. Es una impresión totalmente personal, ni siquiera sé si la autora pretendía dar estos matices o esta personalidad al personaje, pero para mí Blanca pretende ser diferente. Es una persona que no cree en las etiquetas para el amor, no le importa ser la amante, ni le preocupa el poder ligar en el entierro de su madre. Tiene una buena relación con todos sus ex, no cree en reglas tan extendidas como los horarios de las comidas o tener que comer «algo sano». Se puede cenar tarta. Se emborracha, disfruta de la vida como si de una adolescente se tratara, se fuma un porro y todo fluye, no es la típica mujer de 40 años, eso está claro. Lleva una vida alocada, poco estable, con personas que vienen y van.
Blanca no dice no a nada, pero eso implica un hecho, que subyace claro, no es capaz de decidir.
Por último, me ha gustado el papel de Cadaqués en la historia. Era el pueblo de su madre, donde Blanca pasaba los veranos cuando era una niña. Un lugar plagado de recuerdos de otra época, de sentimientos e imágenes de su madre y de su infancia.
Durante la enfermedad de su madre y en medio de todas sus peleas y rencillas, ella es incapaz de volver porque todo le recuerda a ella. Sin embargo, en esta historia, después del fallecimiento Cadaqués actúa como juez. Es el sitio donde cerrar tantas y tantas heridas abiertas. Allí puede normalizar y afrontar de una vez la relación con sus ex, confrontarse con sus amigas —que por primera vez se dicen lo que piensan— y volver a la casa donde su madre era la jefa y su presencia lo impregna todo. Las tardes bajo el sol del Mediterráneo, los paseos en barco y las cenas en compañía forman parte de la mística del lugar, envuelven la historia y ayudan a cerrar muchas de esas heridas abiertas, y especialmente para conseguir despedirse de su madre.
“Aparte de los padres de mis hijos, solo hay un hombre interesante, desconocido. Estoy a punto de desmayarme de horror y de calor y, a pesar de todo, sigo siendo capaz de detectar inmediatamente a un hombre atractivo. Debe de ser el instinto de supervivencia. Me pregunto cuál es el protocolo para ligar en un cementerio. Me pregunto si vendrá a darme el pésame. Creo que no. Cobarde. Cobarde guapo.”