El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

Portada de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes

Tatiana Țîbuleac

Leído en 2022 ·2019 · 256 páginas

El libro cuenta la historia de Aleksy y su madre, el verano en que todo cambió para ellos. Su relación, rota, inexistente y peligrosa, da un giro de 180° aquel verano que comparten juntos en un pequeño pueblo francés. Años después, Aleksy intenta plasmar por escrito todo lo que sucedió, buscando la paz que solo llegó a disfrutar en algunos fugaces instantes de su vida. El dolor, la familia o el remordimiento son algunos de los temas principales del libro. Țîbuleac en apenas 300 páginas es capaz de escribir una historia que va derecha al corazón, sin titubear. Es directa, real y cruda como la vida misma. Somos testigos del odio profundo y arraigado que siente Aleksy por su madre, incapaz de entender nada de lo que les pasó cuando él tan solo era un niño. Vemos la indiferencia de ella, su dolor, incrustado bajo la piel y los fantasmas del pasado compartido que les impiden avanzar. ¿Cómo lidiar con una tragedia? ¿Cómo aceptar que la vida sigue? ¿Cuándo es demasiado tarde para perdonar, para arreglar el daño hecho? Es una historia simplemente maravillosa.

En cuanto al lenguaje, al inicio, está marcado por el humor negro y la oscuridad de los personajes. Sin embargo, según avanza la historia y evolucionan los personajes, el lenguaje lo hace con ellos, aclarándose, volviéndose más cercano, menos frío.

El indudable protagonista de la historia es Aleksy, un chico con problemas, cegado por el odio a su madre en particular y a la vida en general, que intenta sobrevivir a la adolescencia, a sus pensamientos y sentimientos, cada vez más difíciles de ignorar. Es una persona mentalmente rota, marcado por la tragedia familiar así como por todo lo que sucedió después. Inestable, agresivo e incluso peligroso son algunos de los adjetivos que vienen a la mente al describirlo. A lo largo del libro crece como personaje, y aquel verano se convierte en un punto de inflexión en su vida, tanto para lo bueno como para lo malo.

La madre de Aleksy es el otro gran personaje del libro. Al igual que Aleksy está marcada por los acontecimientos de su vida que no supo superar. Desde el inicio la vemos como alguien superficial, sin empatía y con un bagaje emocional inmenso. A pesar de todo, Țîbuleac hace un trabajo tan bueno que como lector consigues entender sus actos y ponerte en su piel.

Probablemente lo que más me ha gustado de la historia es la relación que se da entre ellos dos aquel verano. El paso de la rabia y el dolor a ese cambio de papeles tan sutil, tan real, tan bonito es increíble. Es una historia emocionante, y que me dejó tocado al leerla. Al terminar el libro sentía que sabía algo que las personas de mi entorno desconocían, como si todo lo que acababa de leer fuera real. Moira, la abuela, los cuadros o aquel chico que les regaló algodón de azúcar eran reales, que estarían por ahí en un pequeño pueblo francés sin nombre, hablando de todo lo que sucedió aquel verano y que todos deberían saberlo porque es una historia simplemente maravillosa.

La historia atrapa por completo y es difícil ponerle un pero al libro. Tanto me ha gustado, que si tuviera que decir algo negativo sería que me hubiera gustado saber más de la historia de la chica con la piel de aceituna. Evidentemente, es un deseo egoísta y que sé que no tiene sentido, la historia es la de Aleksy y su madre, sus vidas y su amor, no hay hueco para más.

“Le dije que ese cuadro iba a venderse, que se vendería con toda seguridad, e incluso por mucho dinero, porque los seres humanos están destrozados y buscan cosas destrozadas. Porque los seres humanos están enfermos y podridos y lo saben, pero fingen solo por miedo estar sanos y ser buenos. Y porque así es más fácil.”